

La contemporaneidad ha dejado tiritando conceptos como la creatividad, la estética y la esencia. Esta destrucción moderna se acerca galopante con la producción en cadena, las ideas en masa y la eliminación de la intimidad. Las cosas pasan, sin más, en el sentido más aséptico de la palabra. Ni siquiera ocurren, sino que se cruzan insignificantes por nuestras vidas. Pero me quedan fuerzas para creer que existe una Arcadia de la mente en que la vida, nuestras vidas, todavía suceden. Como el amor, la familia, las emociones más genuinas o la pintura misma.
La obra de Nacho Pola se disfruta en una tarde de primavera, a orillas del Guadalquivir, soñando con aquello que deseábamos de niños; en una merienda con tus primos, a la vuelta del colegio; en esa conversación, que esperabas tanto; o acariciando a Turca. O a ella. O a él. Los cuadros de Pola mecen el alma y nos hacen ser protagonistas, porque somos capaces de disfrutar todos los detalles que consigue atrapar con el pincel. Su muñeca baila por el lienzo para recordarnos que, un día, fuimos ese tomate en el calcetín. Y aquí estamos tú y yo, gracias a él, volviendo a aquellos días tan plenos como inocentes.
‘Danzando en el salón del ahora’ es un repaso por algunos de los instantes más puros y sencillos de la vida del artista. Y de la tuya, seguro. Cada pintura tiene su momento, su fuente literaria, musical o dramática. Por eso, contemplar un cuadro de Nacho Pola es, realidad, un viaje a través de nuestras vidas. En este mundo tan líquido, tan cambiante, efímero y caduco, que se nos escapa entre los dedos, pocas cosas se antojan más desafiantes que volver a lo cotidiano con la delicadeza. A lo normal. A la paz.
Esta exposición se deja saborear con el gusto de quien se siente en casa, con mucha ambición y pocos límites. Como espectadores, tenemos el permiso para entrar en las conversaciones que mantienen las personas retratadas por Nacho, participar en ellas y sentirnos únicos. Porque estamos vivos y pensamos que es posible.
José A. Merat León

Solo los tontos, los santos, los locos y los niños danzan en el salón del ahora.
Jesús Montiel, Sucederá la flor (2018)













